Perspectiva

 

Ratatouille (Brad Bird, Jan Pinkava, 2007) al igual que la mayoría de las películas provenientes del estudio Pixar, no sólo es impresionante por su despliegue técnico (resolución de la imagen, captación del movimiento, precisa animación de cada uno de los personajes, entre otras tantas características) sino que presenta una historia entretenida, admirablemente narrada, protagonizada por seres encantadores y complejos. En otros términos, Pixar consigue entrelazar un despliegue escénico cada año más impactante con reflexiones argumentales también brillantes, que impresionan pues logran abrir un espacio para la introspección dentro de un desarrollo ágil de la acción, sin caer en literalidades o moralejas arcaizantes.

Ratatouille “habla” acerca de la amistad, las relaciones laborales y el forcejeo entre la vocación y la tradición familiar, pero habilita también un punto de abordaje especialmente interesante. Este relato sobre una adorable rata cocinera en París, destina varios minutos de atención a pensar en la figura y el lugar del crítico.

El personaje que encarna la cuestión es identificado con un nombre acaso perfecto: Anton Ego. Se trata de un crítico culinario, el individuo más sombrío y alto de la película, señor de rasgos puntiagudos, mirada despectiva y displicente tono de voz (el de Peter O´Toole). Pequeñas señales bastan para delinear el clima lúgubre a su alrededor: el estudio donde trabaja, visto desde arriba, tiene forma de ataúd y su máquina de escribir semeja los rasgos de una calavera. Este caballero ojeroso, que parece el más malo de los malos, se topa con una sorpresa: una cena, un plato básico, lo obliga a repensar su carrera.

La “revelación” que se desata sobre  quien ostentaba el dominio absoluto de la verdad y la búsqueda implacable de una “perspectiva objetiva” aparece naturalmente. Un acto de sinceramiento, suerte de declaración de principios decanta luego del contacto con una sensibilidad delicada y cálida en el interior de su exigente paladar. El crítico, como todos los mortales, también debe permitirse el disfrute, la identificación, el impacto, el diálogo amoroso con la obra. Como dice Ego en su reseña-confesión, el trabajo de la crítica parece demasiado fácil porque muchas veces se confunde con la expulsión de opiniones subjetivas que arriesgan poco y se dedican simplemente a “calificar”.

Ratatouille desde la elaborada construcción de Anton Ego, presenta un arquetipo del crítico serio, solemne y Maquiavélico. Su silueta alargada condensa la ferocidad inexplicable, rimbombante y vacía de cierto sector de la crítica que persiste y hace mucho daño. En esta línea, una de las frases más vitales de esta película afirma que “lo nuevo necesita amigos”. Estas palabras de Ego reconocen que el crítico debe asumir el riesgo de descubrir, defender y dar a conocer nuevas propuestas. La figura del crítico, otra vez,  como la de cualquier ser humano que aspira a crecer, a ganar experiencias, radica en la incomodidad, en la aceptación de desafíos y el esfuerzo por hallar nuevas formas de ver y de leer las obras. En este sentido, todos los críticos deberían participar activamente de la vida cultural de su comunidad, ya que al elegir y ejercer su actividad  no adquieren un título nobiliario sino que asumen un compromiso ético.  Dar lugar a lo nuevo es reconocer el trabajo y el esfuerzo detrás de cada obra. La ética equivale a cumplir su tarea desde la comprensión hacia los demás, sin miramientos ni distinciones. Quien critica no puede tampoco olvidar su responsabilidad social, es decir, es necesario que se dirija también dedicadamente a su lector. Un crítico no escribe para enaltecerse, sino que se espera que intente enriquecer el conocimiento del público, que oriente, acompañe y ayude a disfrutar.

La tarea del crítico consiste en abrir sentidos, habilitar nuevas vías de acceso a los objetos, ampliar la percepción estética e intelectual. La crítica debe ayudar tanto a quienes hacen y como a quienes miran. Es un “arte del diálogo”, con la obra, el artista y el público. En última instancia, un buen texto crítico permite ver la obra a través de las palabras del autor-especialista pero sin ocultarla y sin tomar su lugar, combinando información, análisis y subjetividad. Como dijo alguna vez Jean Douchet, la crítica debe buscar incansablemente la armonía en el interior del dúo pasión/lucidez. Este encuentro sucede cuando el crítico se deshace de su coraza, de la mirada altiva, de la postura de juez y se deja impactar por la obra misma. Cuando Anton Ego se retrotrae a su infancia por medio de un solo bocado, en un soberbio flashback de apenas pocos segundos, los directores de Ratatouille instalan una demoledora y sintética reflexión sobre la relación arte-crítica. 

 

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1 comentario

Archivado bajo Crítica de la crítica

Una respuesta a “Perspectiva

  1. Anónimo

    Las palabras se quedan cortas para describir lo mucho que me gusta este personaje y este diálogo…

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