Conversación

Eric Rohmer en su artículo Por un cine que hable se preocupa de la situación de la palabra en el cine sonoro. Específicamente, pone énfasis en el “poder de significación” que conllevan los diálogos. En ese texto subraya justamente la importancia del estatuto semiótico de la conversación, esto es la importancia en tanto signo, parte esencial de las imágenes cinematográficas. En otras palabras, quiere discutir contra un razonamiento de sentido común que proclama que el “buen cine” es aquel que puede hacer caso omiso del texto. “Se tiende a creer excesivamente, incluso en la actualidad, que el valor de la película tanto es más grande cuanto más fácilmente podría prescindir de la palabra, y que una obra cinematográfica digna de tal nombre no debería perder demasiado en caso de ser vista en versión original por un público extranjero.”

Hay cierto prejuicio, cierta animosidad “purista” que lleva a pensar que el cine debería poder crear un mundo, lograr su cometido por medio absolutamente audiovisuales, como si la palabra fuera un recurso fácil o una reiteración vana de situaciones sensoriales. El director de Mi noche con Maud en este sentido, aclara que la palabra debe ser considerada como una “manera de ser”, que “está en el tiempo y no el texto”. Su exposición intenta explicar que la palabra no es un recurso más, un agregado artificial, sino que está imbricada en un contexto más complejo que la simple disposición de los elementos de la puesta en escena.

La conversación, desde este enfoque, no debe únicamente acoplarse a la diégesis sino a la película entera, como totalidad o unidad, forma parte de ella. En Carta a un crítico (A propósito de los Cuentos Morales) Rohmer dice: “Lo que yo digo, no lo digo con palabras. Tampoco lo digo con imágenes, mal que les pese a todos los sectarios de un cinema puro que hablaría con las imágenes como un sordomudo habla con las manos. En el fondo, yo no digo, muestro. Muestro gente que actúa y habla. Eso es todo lo qué sé hacer, pero ahí está mi verdadera intención. El resto, estoy de acuerdo, es literatura.” Podemos considerar estas declaraciones de Rohmer como un acuerdo sobre la importancia de la “sensibilidad al contexto” en la conversación. Las palabras deben asentarse como parte de una situación colaborativa o participativa, la conversación es un objeto complejo de estudio y análisis, por la multiplicidad de variantes que articula y congrega en su desarrollo.

El gusto por la belleza, Eric Rohmer (Paidós, 2000)

 

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