Sentimientos que el hombre no puede expresar

“La preocupación por la autenticidad, incluso fantástica, de los gestos, del clima, en una palabra, de los factores que pueden servir para expresar el mundo completo en que los hombres viven debería ser algo propio del cine, porque, más que ningún otro, este arte habla al mismo tiempo a todos nuestros sentidos.

Esas tendencias, que podemos remontar al primer cine americano de los western, aunque surgidas allí de manera inconsciente, fueron, más tarde, llevadas por los rusos hacia un gusto excesivamente estetizante.

Nos parece que el mayor equilibrio entre un camino y el otro ha sido logrado por los franceses de los últimos años. Jean Renoir, hijo del pintor Auguste Renoir, ha fijado en algunos de sus filmes –La grande illusion, La bête humaine– ciertas secuencias que, en este sentido, constituyen todavía ejemplos clásicos en la historia del cine. Difícilmente pueda encontrarse, como en esos filmes, una ambientación donde cada cosa sea convocada para determinar el drama de los protagonistas: a ello contribuyen imparcialmente los elementos figurativos y aquellos dictados por los movimientos interiores expresados por los actores. Hay sentimientos que el hombre no puede expresar, parece advertirnos Renoir, y es necesario recurrir entonces a todo aquello que lo circunda para lograr expresarlos.”

Por un paisaje italiano, Giuseppe de Santis, Kilómetro 111 Número 8 Un Arte de Estado (Santiago Arcos, 2010)

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