Carrera

“Sobre la obra de Buñuel se ha tenido todo el tiempo para decirlo todo. Habrá siempre voluntarios para interpretarla, e ingenuos para pensar que el cine está hecho de símbolos. Sobre lo que no cesó de obsesionarlo a lo largo de su vida, no hay nada que agregar. Los ismos con los que se cruzó en su camino (surrealismo, comunismo, fetichismo, catolicismo, onirismo), se pueden encontrar todos en las historias del cine. Sobre sí mismo, y sobre lo que él tuvo a bien decir sobre el tema, no queda mucho por agregar: una vida ordenada, un matrimonio feliz, una buena dosis de seriedad en el trabajo, y placeres simples (el vino, el whisky). Sobre su estilo, no vale la pena agregar un epílogo: filmó siempre lo más frontalmente posible situaciones complicadas que tenían relación con el estudio de las costumbres, con la etología burguesa y con la ciencia de los sueños. Un documentalista.

¿Dónde está el misterio, entonces? Ni en la vida ni en la obra. En la carrera. En sus dientes de sierra. ¿ Y qué es lo que muere hoy con Buñuel (luego de Renoir y Chaplin)? Una cierta manera, para un cineasta, de estar en el siglo y de tener, además de la edad de sus arterias, la edad del cine. La idea de que el tiempo no es un enemigo, que se lo pierde al querer ganarlo, que siempre permanece. La carrera de Buñuel, es simplemente una de las aventuras más sorprendentes del cine. He aquí un hombre que empezó por sobrevivir modestamente a los tres cañonazos de un comienzo inolvidable (Un perro andaluz, La edad de oro, Las Hurdes). He aquí un cineasta que no encontró nada mejor que comenzar su primera película (pagada con el dinero de su madre) con la imagen de un ojo cortado que sigue cortando el aliento. He aquí un hombre que, durante quince años, parece haberse olvidado de luchar para hacer sus films a cualquier precio. Un as de la vanguardia que acepta producir (en España) y dirigir (en México) films puramente comerciales. Un español sordo que, en su ocaso, ha dejado los retratos más francófonos de la burguesía francesa. Para resumir, un hombre que nunca hizo lo que quiso, pero siempre lo que pudo. Y que siguió siendo él mismo.”

La muerte de Buñuel, Serge Daney, Cine, arte del presente (Santiago Arcos, 2004)

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