Devenir

“Alejemos, pues, todos nuestro temores. El objetivo de la cámara no es un cristal deformante ni un filtro capaz de eliminar celosamente del mundo una belleza exuberante que el cineasta no necesitaría en absoluto (como el escultor renuncia al calor de la carne y al brillo de la mirada). El cine amasa la pasta misma de la realidad, y su mayor ambición es precisamente la de no privarse de nada de lo que pueda deber a la riqueza y a la precisión de la mecánica de la que dispone.

El cine es, de todas las artes, la más realista: de acuerdo. Pero comprendamos bien el sentido que es preciso dar a esta palabra. Que el cineasta trabaje con las cosas mismas y las reproduzca sin retoques. Ya no creemos en la potencia milagrosa del montaje, y exigimos cada vez  más que la imagen arrebate al mundo la belleza con que se engalana.

¿Dónde está el arte, dirán, si la naturaleza aparece tal como es? Pero en el cine todo es devenir. ¿Qué le importa un rostro, si no es porque se apacigua o se arruga según el ritmo que se ha escogido? ¿Qué le importa la hojarasca si no es por la belleza de su balanceo? El movimiento es la materia con la que trabaja, el único ámbito que ha de abstraer y reconstruir. Para él, toda la belleza del mundo nunca será superflua.”

Reflexiones sobre el color, Eric Rohmer, El gusto por la belleza (Paidós, 2000)

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