Hermanar el arte con el destino del mundo

“Los medios audiovisuales, en efecto, pueden contribuir eficazmente a potenciar una vasta obra de información, de ilustración, de cultura entre los hombres.

Cabe inventar fórmulas divertidas y atrayentes para crear espectáculos que permitan al público utilizar en provecho de la cultura una parte al menos de las muchas horas de tiempo libre. Con ello los hombres serían más felices y más armoniosa la convivencia.

Me atrevería, aunque muy tímidamente, a formular una sugerencia a los artistas. Tolstoi decía que en toda expresión artística es indispensable un impulso emotivo. ¿Y cómo no sentir un impulso emotivo al contemplar las conquistas llevadas a cabo por el hombre durante los dos últimos siglos? Esta emoción está llamada igualmente a hermanar al arte con el destino del mundo en que vivimos. Pues una profunda emoción nos invade al pensar en el hombre, minúsculo y grande, enfrentado a sus descubrimientos, a las fronteras y perspectivas que con éstos ha conseguido abrir.

(…)

El mundo del arte, que es la geografía del espíritu, necesita -al igual que la geografía- colores, formas, que sólo las imágenes pueden proporcionarle. Una obra maestra no puede ser vista por vez primera en los renglones de una historia del arte, esto es, gracias a palabras de peso estético-crítico, sino que debe entrar por los ojos.

Las palabras pertenecen a los doctos, los expertos, los sapientes, los especialistas.

El material filmado puede convertir igualmente la escuela-auditorio en escuela-laboratorio, en lo que conciere a las técnicas de la industria. Es un hecho evidente. La vida de una industria, en todas sus articulaciones, sólo puede revelarse eficazmente merced a la imagen.

Una educación de los contactos sociales presupone un conocimiento de las relaciones humanas. Pero, por ejemplo, ¿cómo es posible hablar del trabajo de las mujeres y de su problemática sin… verlo?

Toda educación cívica presupone participación, al menos imaginativa, en la vida de los diferentes grupos. ¿Puede alguien enseñar realmente a los alumnos a unificar sus cualidades complementarias, a asociar sus esfuerzos, sus resultados, sus penas y sus alegrías, si no sabe subjetivar, es decir, mostrar como sujeto visible y agente este mundo incomprendido de la relación humana?

No se trata de renunciar a las virtudes pedagógicas de la tradición escolástica, sino de conferirles un estilo nuevo, que es el estilo de quien se halla en condiciones de ver y, por tanto, de comprender.”

Cine: nuevas perspectivas de conocimiento, Roberto Rossellini, Un espíritu libre no debe aprender como esclavo (Paidós, 2001)

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