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Triturar

“… La ley de la calle es la historia de una desilusión. Al encarnarse, el ideal decepciona. Las estrellas, idolatradas, se condensan (recordar a Kurtz-Brando en Apocalypse Now). Todo esto es normal. Un cineasta que quiere repensar los poderes de la ilusión en el cine tiene la necesidad de creer que el mundo (el mundo de verdad) es ya una ilusión. Que está hecho de apariencias, del guiños del cielo y de falsas evidencias de la tierra. La linda escena, muy disneyana en su candor, en la que un apaleado Rusty James sueña su muerte, y donde se ve su cuerpo levitando convertido en un alma en tránsito que sobrevuela un campo de nubes y de lloronas, es quizás estricto revelador de la verdad de este cine. El mundo, en el fondo, casi no existe. El cineasta tritura su materia nada más que para recuperar un poco de su alma.”

La ley de la calle, Serge Daney, Cine, arte del presente (Santiago Arcos, 2004)

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Propulsar

La imagen que se repliega en otras imágenes, el puro regodeo de la técnica… “El manierismo es la convulsión del cine y la televisión, convulsión en la que lo peor coexiste con la esperanza.” Un estadío en donde a la imagen le ocurre todo, un cine de la puesta en escena.

Serge Daney en un artículo acerca de Golpe al corazón (One from the Heart, 1982) de Coppola explica un poco más en detalle esta idea. Allí se refiere al divorcio entre el cuerpo del actor y la materia de la imagen: el decorado, la música, la iluminación se lanzan hacia el espectador separadamente: “un buen ilusionista no rompe la ilusión, sino que no cesa de multiplicarla por sí misma, al infinito. La verdad de la máscara no es el rostro, sino un excederse de la máscara (…) Menos por menos, igual más. Falso por falso, igual a verdadero.” En el manierismo, la idea de artificio cambia de estatuto con respecto al cine clásico. Golpe al corazón es una película en donde el neón, el show business y el azar, la pura prestidigitación, inunda la pantalla y a la vez, funciona como anzuelo para hablar sobre el amor. Fue un proyecto desmesurado e incomprendido que Coppola filmó tratando de acercarse a lo que, por aquel entonces, se llamaba “cine electrónico”. La ciudad de Las vegas reconstruida en estudios, experimentación y riesgo, pero también un homenaje, el gesto de recuperar la comedia musical. Desde esta mixtura de variables, el director de El padrino se convierte uno de los pioneros de la “nueva” era del  simulacro. Propulsa, mediante un estallido de baile, colores y trucajes, un entretenimiento diferente y complejo.

Cine, arte del presente, Serge Daney (Santiago Arcos, 2004) Conversaciones, Gilles Deleuze (Pretextos, 1995)

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